Wednesday, June 21, 2006

Seguimiento NYT: el otro mundial

NAriz: interesante reportaje de NYT anexo columna de Reforma
 
El sábado pasado el NYT publicó un artículo en portada e interiores sobre López Obrador. Lo firma uno de los corresponsales de la oficina de México, J. McKinley, pero seguramente se inspira en la visión y experiencia de la jefa de la oficina, Ginger Thompson, que lleva ya seis años en México, habiéndose convertido así en la corresponsal de ese diario con más tiempo en el país desde Riding. El texto, si bien reproduce un par de comentarios de los críticos de AMLO, está construido de manera justificativa o con gran afán explicativo. Da a entender una cosa y dice otra más. La que da a entender: es muy probable que AMLO gane las elecciones. Lo que dice: sus posturas económicas, jurídicas, internacionales, y sobre todo sociales son mucho menos extremistas que lo que dicen sus críticos y responden a necesidades reales de los pobres, reflejan las carencias del país y los magros resultados de Fox. Este pasado lunes el NYT publica una editorial institucional que, sin tomar partido explícitamente, refuta las acusaciones de extremista contra AMLO y concluye que cualquiera de las dos soluciones para México -Calderón o AMLO- hacen sentido. Nada de lo que se expresa en ambos artículos es falso, pero hay muchas cosas no incluidas y que también son ciertas, y el simple hecho de presentar los argumentos a través de una sucesión de críticas y respuestas "objetivas", es en el fondo el equivalente de un espaldarazo. Los partidarios de AMLO hacen bien en sentirse satisfechos.

Hace unos meses apareció El Hombre que inventó a Fidel: Castro, Cuba, y Herbert L. Matthews del NYT, escrito por Anthony DePalma, quien fue corresponsal en México en los 90. El libro es una biografía del legendario corresponsal en España y Vietnam, y sobre todo autor de la decisiva entrevista a Castro en la Sierra Maestra en enero de 1957. La entrevista reveló al mundo la sobrevivencia de Castro y sus compañeros, así como la aparente fuerza militar que en muy pocas semanas había consolidado. La entrevista, junto con los dos artículos posteriores, se volvió uno de los momentos culminantes del periodismo norteamericano por dos motivos. Por un lado, Matthews desmintió a Batista: Fidel no había muerto, su guerrilla no había sido destruida, y se trataba de una personalidad fuera de serie. Esto contribuyó enormemente al debilitamiento de Batista y al fortalecimiento del 26 de julio. Pero el golpe periodístico también generó otra tesis: la fuerza militar de la guerrilla castrista era considerable, con cientos de combatientes y fusiles que, empezando por su jefe, no sólo no eran comunistas, sino jóvenes patriotas que buscaban la democracia en Cuba. Estas dos versiones fueron las que llevarían a una pugna entre Matthews y el NYT que culminaría con su renuncia en 1967. La pugna fue alimentada por muchos factores pero destacan dos. El primero fue el relato del propio Castro en 1960, en Nueva York y en presencia de Matthews y de los directivos del NYT, de cómo había engañado al entrevistador, instruyendo a sus 18 combatientes a que le dieran varias vueltas al campamento para dar la impresión de una fuerza muy superior. El segundo también provino de Castro: su famosa declaración de diciembre de 1961 confesando que desde la universidad había sido "comunista", declaración que rebatía la tesis de Matthews de que el dirigente cubano había sido empujado a los brazos de la URSS y del "comunismo" por Estados Unidos.

DePalma cuestiona la anécdota del campamento alegando que un corresponsal de guerra veterano como Matthews difícilmente podía ser engañado. También aclara que Castro no dijo exactamente lo que dicen que dijo en 61. Pero sí concluye, de alguna manera, que la tragedia de Matthews se origina en la combinación de un acierto y de un error. El acierto: Castro derrocaría a Batista y tomaría el poder. El error: que eran un grupo de demócratas nacionalistas quizás no muy amigos de Estados Unidos, pero de ninguna manera enemigos del Imperio. Durante años el NYT se beneficiaría de la gloria de Matthews conservando un acceso a Castro que ningún otro medio importante poseía; y pagó también el precio por la ingenuidad de Matthews, viéndose obligado a no publicar notas favorables a la Revolución Cubana (como Playa Girón) para no dar pie a más acusaciones de castrismo.

Huelga decir que ha corrido mucha agua bajo el puente desde entonces; AMLO no es Castro, el NYT de hoy no es el de hace casi medio siglo, la corrección política de hoy no es la de ayer, y Thompson no es Matthews. ¿O sí?
 
PD- Naravez que padre q vas a Alemania. Que malo que sea con nuestros impuestos.
PD2- Si estoy ardido.